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16-09-2013 | Stress

Dej de darte manija!

Miles de pensamientos nos invaden a diario, causando estrés y ansiedad. La salida: focalizarnos en el presente sin darles más importancia de la que tienen. Cómo lograrlo.

A menudo “nos enroscamos” una y otra vez en nuestros pensamientos. Los damos vuelta al derecho y al revés sin llegar a nada. Nos estresamos buscando explicaciones y analizamos todo: ¿Cómo quedaré? ¿Se lo digo o no se lo digo? ¿Por qué me miró así? ¿Qué me quiso decir?

Sí, pensamos demasiado. Y lo peor es que la mayoría de esos pensamientos no son productivos, sino recurrentes y obsesivos. Y nos agotamos.

La licenciada Liliana Traiber, psicóloga de laClínica de Ansiedad y Estrés del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), comenta que si bien el pensar forma parte de la experiencia humana, hay que diferenciar las preocupaciones normales (experimentadas por la mayoría de las personas, y que tienen que ver con esas cosas que pueden controlarse), de las excesivas (que pueden incluir síntomas como inquietud, fatiga, dificultades para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular, alteraciones del sueño).

“Cuando la presencia de las preocupaciones es excesiva, se puede pasar de un tópico al otro en segundos. Por ejemplo, una persona que se preocupa por su salud puede pensar: ‘¿y si me enfermo gravemente?’ ‘¿quién va a cuidar de mis padres, y de mis hijos?’ ‘¿cómo van a hacer para poder subsistir?’. La pregunta ‘¿y si…?’ es la que ‘abre la puerta’ a las preocupaciones extremas”, detalla Traiber.

Pensar y hacer

Si bien hay personas que pueden ser más vulnerables a los grandes desvelos, esto también se relaciona con factores sociales, culturales, de crianza, y en muchos casos, de género: “Existen algunos pensamientos que son bien femeninos (¿Voy o no voy? ¿Por qué me contestó así? ¿Hice mal? “Si hubiera…”) La psiquis de las mujeres es más compleja y rebuscada que la de los hombres. Nos preguntamos 20 cosas diferentes frente a un estímulo, y sacamos conclusiones sobre el mismo tema una y otra vez. En cambio el hombre lo hace, y listo”, explica la psicóloga Claudia De Angelis.

Lo que sucede es que en medio de esta calesita mental, se cree que si se reflexiona mucho sobre algo, se va a encontrar una salida. Pero “darse manija”, es un intento de solución ineficaz. En general, los problemas se resuelven de una manera más sencilla: desde las acciones.  

Trastornos poco diagnosticados

Desde hace unos años, estamos ahogados de información y esto nos quita espacios de calma mental y descanso: dos celulares, internet, páginas sociales, e-mails las 24 horas: “Una de las enfermedades del último tiempo, es el 'burn-out', que se caracteriza por tener metafóricamente hablando, ‘la cabeza quemada’. Y a esto nos llevan tantos pensamientos innecesarios”, dice De Angelis.

Traiber habla también de trastorno de ansiedad generalizada (TAG), que se da cuando se las preocupaciones excesivas e incontrolables (de trabajo, salud, económicas etc.) afectan a la persona física y psicológicamente con altos niveles de estrés, mala calidad de vida, enfermedades y deterioro en los vínculos: “La pasan muy mal, ya que los trastornos de ansiedad son poco diagnosticados, y se suele ver a estos individuos como ‘preocupones’, cuando se trata de algo más complejo que no sólo afecta su vida sino la del entorno”, explica la especialista. 

La normal incertidumbre

Nora Chimirri, psicóloga y directora del Centro de Terapias Alternativas Al Uno, opina que “la calidad de los pensamientos determina nuestra emoción. Aquello que pensamos es lo que nos lleva a tomar decisiones, que luego se concreta en acciones. Y si lo que hacemos nos complica la vida, ya sabemos cuál es la razón”.

El primer punto es detectar si los pensamientos que nos invaden corresponden a situaciones reales y concretas (por ejemplo, quedar desempleado o no poder pagar el alquiler), o hipotéticas, que están ligadas a cuestiones futuras (“¿y si le pasa algo a mi hijo cuando sale?”).

“Poder reconocer diferencias entre estas preocupaciones es crucial. Hay que aprender a orientarse hacia los problemas concretos, resolviéndolos, y sino trabajar para poder tolerar la incertidumbre cuando las preocupaciones son hipotéticas”, comenta Traiber. Y subraya: “Tolerar la incertidumbre significa poder reconocer que no hay certezas en la vida, que los eventos no se pueden predecir, y que muchas cosas no están bajo nuestro control”. 

Meditación para calmar la mente

Alguien que piensa demasiado, no puede experimentar vivir en el presente. Por eso es que como complemento de cualquier terapia, los especialistas recomiendan la práctica del Mindfulness o Atención Plena.

Se trata de un método para autorregular la atención cuando la mente se dispersa, e intentar focalizarnos en el aquí y ahora: “Mientras más luchamos por callar la mente, menos lo logramos. Por eso, necesitamos dejar que los pensamientos pasen, para que la mente esté menos inquieta. Eso requiere de práctica y es todo un aprendizaje”.

Esto no implica poner la mente en blanco, sino aprender a vivir con todos esos pensamientos y sensaciones, pero intentando no atribuirles más entidad de la que tienen: “Paulatinamente nos iremos dando cuenta de que los pensamientos son sólo pensamientos y no la realidad. ¡Eso ya es todo un logro!”.


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